Mi corazón,
a los árboles prendido,
palpita fuerte
al deslizarse
entre su despertar.
Sus ojos cartujanos
descienden entre el lima y esmeralda
para terminar
en el musgo y albahaca
durmiendo
en el sueño de los justos,
sin inmutarse.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario