En el supermercado,
me saludó una de ellas.
Ayer por la tarde,
en la calle,
lo hizo la otra.
No conozco sus nombres.
El primer día
que llegaron a la urbanización
les invité a participar
de la compañía
del grupo de café de las mañanas.
No lo hacen.
No han olvidado mi cara.
Siempre me sonríen.
Dorita.
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