Cuando la noche
se adueña del lugar,
gustaba de pasear plácidamente
por los caminos forestales.
El tiempo de encontrarme con los sueños
era marcado por los animales.
Los corzos se hacían visibles,
de repente,sin previo aviso.
También podía ver
algún que otro ciervo.
Era sobretodo el jabalí
quien ,con mayor o menor contundencia,
me advertencia
que no era bien recibida
en las cercanías donde las sosegadas piaras
trataban de buscar los suyos.
Dorita .
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