Ni el aire encantado,
ni el cielo azul.
No han llegado las cigüeñas,
ni huele interesante a mar.
Ni tan siquiera se ven desde la ciudad
las lejanas montañas
completamente nevadas;
a pesar de un viento sur,
que nos tiene atontados,
nos lanzamos todos a la calle
ligeros de ropa.
Los niños a tropel en el parque
y el resto
con ganas de encontrarnos y charlar.
Dorita.
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