En los barrios periféricos,
concretamente en el nuestro
late la vida con inusitada fuerza.
No siempre mejor;
sí más real.
En no pocas ocasiones,
desgarradoramente real.
Forma de vivir hiriente
para quien es capaz de ver en los ojos
de la juventud......
que no esperan demasiado...
que no esperan nada.
Ni los que trabajan,
ni los que viven de esas migajas dadas
como quien regala una limosna.
Todo ello deja en su parentela
algo así como la letra escarlata.
Marca a hierro que les causó dolor,
en su día;
de la que solo queda una señal
que con vergüenza llevan.
En ocasiones,pretendiendo revestirse
de dignidad,
lo hacen con orgullo.
Del que para nada están seguros.
Forma de vivir de la que todos somos
cómplices.
Dorita.
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