Todos volvemos,
por Navidad,
a casa.
Imperiosa necesidad
de no abandonarse a la derrota,
al pesimismo.
El frío nocturno
invita a quedarse,
a unirse,
a perdonar,
a olvidar.
Más este Año.
Sin darnos cuenta,
casi sin enterarnos,
se nos cayó
el cielo con la luna y las estrellas.
Desde entonces,
vivimos estrellados.
Dorita.
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