Desde mi ventana,
os veo en el parque
dejando caer lentamente
el oro de vuestras hojas.
Como se transforma en chatarra
chascarreando
tras las pisadas de los niños.
Atrás quedaron
los risueños pájaros cantores.
Solo en las alturas,
en bandadas,
buscando un lugar
donde reposar su cabeza.
Quedaron sus ramas
solitarias y tristes.
En su corazón latiendo
la larga espera.
El gozar un día
de la gloriosa primavera.
Dorita.
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