Un elefante
pisó sin querer
a un guisante.
Este sintióse morir.
Se abandonó,
sin esperanza,
a una segura muerte.
Pasó un mes,
pasaron dos,
pasaron tres.
Desafiando presagios
sintió ,en su interior,
la vida.
Y ocurrió
lo sorprendente,
lo alucinante;
aquel diminuto guisante
creció exuberante.
Regaló flores,
salieron guisantes.
La planta vibró radiante.
Dorita.
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