Lo peor,de esta forma de ser,
es saber casi literal
lo que los otros están pensando.
Saber que estás siendo juzgada.
Lo que es más
por los que no saben nada sobre tí.
Ser juzgada por lo que se imaginan,
por lo que querrían que fuera o hiciese
para afianzarse en sus juicios.
Después de veintiocho años aquí,
he escuchado comentarios
que me han dejado estupefacta.
¡Con el empeño,
con el celo que he puesto en mi profesión!.
Sí,
es verdad,
hubo un tiempo
que venían niños a tropel
enviados por padres y madres
buscando el milagro.
No sólo tenía que enseñar,
también llenar el vacío
creado por la no presencia de ellos
en el núcleo familiar.
Al final,
quedan los que quieren aprender.
Se crean lazos.
Amistades de por vida.
Dorita.
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