Aún quedan
en los árboles.
Las golden.
Pequeñas bolitas colgando
en desangelados querubines.
Llevan días llamándome.
Deseando corresponder.
Todo andará
pardo y tristón;
Esas frutas saben
a sacrificio y dolor,
a ilusiones y desengaños.
A vida,
a hijos,
al aroma
de lo que fueron y soy.
Dorita.
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