Los días
se hacen chiquitos,
silenciosos.
Los árboles
van dejando lentamente
sus ropajes,
deshilachados sobre el suelo.
El parque
atravesado por señoras presurosas,
bien arropadas,
con balanceantes bolsas.
Las telarañas
más visibles,
transformadas en obras de arte
bajo la mano de artista
del rocío.
Ni caracoles,
ni lagartijas,
solo alfombras coloradas
con toda clase
de naranjas y ocres.
Alfombras que cada día,
como los propios días,
son diferentes.
Dorita.
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