Gustan los niños hacer,
en las monótonas tardes
de diciembre,
sus aviones de papel.
Estudiadas aeronaves
que las expertas manos
hacen volar,
con precisión,
donde quieren.
Mis ojos se agrandan
contemplando la pericia
de estos alumnos que buscan
entre derivadas e integrales
un poco de diversión.
Cuando enfadada
pretendo parar la guerra,
es cuando los más pequeños
entusiasmados
lanzan pinturas y lapiceros.
Dorita.
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