Sobre una telaraña,
cayó la mariquita.
No supo ver
que tras la delicadeza
de la más bella tela perlada
se encontraba
su zozobra,
su infortunio,
un negro pozo sin fondo;
Una niña paseando
se topó
con el hiperrealista cuadro.
Por no estar en un museo,
no dudó en acercarse,
poner en su mano al insecto,
hacerle contar sus dedos,
formular un deseo
e invitarle a volar.
Dorita.
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