martes, 12 de noviembre de 2024

¿No avisó la guadaña?.

 ¿Se presentó de repente y al asalto?.

Años no,

siglos merodeando.

Sus ojos relucían,

cuando el verano los cerraba

y el otoño despertaba.

De vez en cuando frente al mar,

en los atardeceres sofocantes

sentados en corro

a las puertas de esas casas

con enormes ventanales

rozando el suelo,

los lugareños comentan

el furor desmesurado de ese agua

que no es agua

sino el mismísimo infierno andante.

No estuvimos alerta

con las candelas encendidas.

Altaneros e insolentes,

nos toca sufrir para nada lo merecido

pero sí nuestra desidia,abandono,

falta de entrega y trabajo.

Dorita.





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