¿Se presentó de repente y al asalto?.
Años no,
siglos merodeando.
Sus ojos relucían,
cuando el verano los cerraba
y el otoño despertaba.
De vez en cuando frente al mar,
en los atardeceres sofocantes
sentados en corro
a las puertas de esas casas
con enormes ventanales
rozando el suelo,
los lugareños comentan
el furor desmesurado de ese agua
que no es agua
sino el mismísimo infierno andante.
No estuvimos alerta
con las candelas encendidas.
Altaneros e insolentes,
nos toca sufrir para nada lo merecido
pero sí nuestra desidia,abandono,
falta de entrega y trabajo.
Dorita.
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