Los ojos,
dónde ya sabéis,
abiertos,
asombrados,
cargados de desilusión.
¿Quién los podrá cerrar?.
La guadaña
cebada con el lugar.
Cielo deslucido.
No para de llorar.
Resistió lo indecible.
Al final,
sucumbió al desastre.
Solo quiere
que cuando se vista de raso
todo resucite.
Dorita.
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