¡Cómo echo de menos
los besos de la brisa,
la risa de los pájaros,
a las margaritas.
El viento, hoy,
arrastra tantas hojas
que los pobres árboles
van quedando esqueléticos.
Para mí sorpresa,
se han escapado hasta verdes.
La tristeza
quería cogerme.
No lo logró.
Las hojas sobre el suelo
rezuman frescura y color.
Dorita.
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