Le dijo la tarde al olvido
que al siguiente día volvería.
El olvido se olvidó
de lo por la tarde prometido.
Cuando la tarde llegó
encontró el lugar vacío.
La tarde se quedó sola,
solo se le ocurrió
alzar los ojos al cielo.
Lo que allí encontró
fue un tesoro divino,
obra maestra del color
que ya jamás olvidó
Dorita.
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