La tarde
estaba cansada
hasta que llegó la tormenta.
Trayendo agua bendita
limpió a la tarde su cara.
Repiqueaban las gotas
sobre la arena mojada.
Sonaban las castañuelas.
La tarde se puso en pié
envuelta en una mantilla,
taconeando flamenco
bajo el embrujo gitano.
No abandonando su baile
hasta bien entrado el alba.
Dorita.
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