Es el corazón,
que pasea entre los pinos
bajo un cielo azul
para nada aburrido,
que recoge los membrillos
en las zarzas escondidos.
El que escucha
al arroyo temblar
con un canto melodioso
y en cada instante nuevo.
El que busca.
El que el reencuentro ansía.
El que en el retorno reclama
lo que sabe que es suyo.
Dorita.
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