La tarde,
angustiada por la pena,
rompió a llorar.
A la tarde se unieron
todos los disgustos de la humanidad.
No podía parar.
Se vio como descargaba
la rabia contenida.
Fue bueno.
Estuvo bien.
En los cuerpos no cabía
un solo quebradero de cabeza más.
Dorita.
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