Al acercarte
van viniendo
los veranos compartidos.
Las cerezas y los grillos.
Las candajas.
Las moñigas.
El burro de la señora Emilia.
Quedaron,
para siempre,
en tu piel y en la mía.
Cómo capas dando forma
a las perlas.
Lo que brilla en nuestras vidas
Las manzanas de la manteca
dejaron el olor
en nuestros intestinos,
guardando y asimilando los inviernos.
Tus mantos y los míos,
después de sacudir
el polvo del camino,
desprenden brillos
del oro de sus hilos,
del estampado de las estrellas.
A poco que uno tenga
prestos los sentidos
nota la belleza
del reconocerse,
del encuentro.
Dorita.
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