Quiso la luna,
un buen día,
alzarse hacía las estrellas.
Quería verlas brillar,
quería brillar como ellas.
Muy rara
la luna se veía,
tan diferente,
tan extraña.
Pasaron días y años,
su mirada entristecía.
Su blanca piel
una perla parecía.
Una noche,
un jovencito gitano
de su carita
quedó prendado.
Le dijo,
todo él enamorado,
que era linda,
diferente,
graciosa,
que en todo el firmamento
nadie brillaba como ella.
Dorita.
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