Mi sangre
ya no es mi sangre.
Mi sangre
vive en el bosque.
Mi sangre
es ya savia
que subiendo a las hojas
disfruta del aire.
Mi corazón
busca con pasión
la compasión.
Busca
la dulce brisa de un nuevo amanecer.
De un atardecer
bailando al son de las olas,
besando el silencio de los astros,
respirando
el sabor de las montañas.
Dorita.
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