Las navajas de Albacete
brillan,de nuevo,
a la Luna.
Relucen como serpientes.
Las reyertas,
no evidentes,
se cuecen en las entrañas;
acaso andan buscando
el bendecir la patraña.
Los Ángeles espantados
se van volando
hasta el cielo,
sus ojos no quieren ver
los ríos de sangre estrellados.
Dorita.
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