No anda hoy mi alma
para florituras.
Ni quiere disculpar
la estupidez.
No es depresión,
¡que va! de eso ya tuve
y sé diferenciar.
Es más bien que vivo impregnada
de incomprensión y hastío.
Transmitidos por esta
somnolienta sociedad
a resultas de su larga enfermedad.
Del patógeno causante
no te libras ni en los pueblos.
Al parecer,
la mejor medicina
no pensar y dejar
al tiempo pasar.
Al ser yo impaciente,
rebelde y obstinada
me agarro al árbol
con pasión
y le pido con fervor
un fuerte abrazo.
Dorita.
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