A la gran soledad
la tengo respeto.
No miedo,
eso sí que no.
Lo mejor,
absolutamente todo lo mejor,
ella me lo entrego
sin condiciones;
también
el mayor de los sufrimientos.
El papel,
el boli negro,
tabla de salvación.
Puedo ir a mil sitios,
disfrutar de los árboles,
de la hierba,
de los colores del cielo.
Escribir
es el barro
con el que Jesús cura la ceguera.
Dorita.
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