Con las manos abiertas,
con emoción, recibo
lo que de mi infancia,
de mi adolescencia llega.
Situaciones que surgen
como agua fresca,
manantial de montaña
corriendo
entre flores silvestres.
Otras raspan.
Quisieron ser olvidadas
por dolorosas.
Cuando deciden,ellas solitas,
mostrarse
queriendo que me entere
no me hace gracia.
Me toca
el arduo trabajo de gestionarlo,
de llevarme bien con ello.
Dorita.
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