No fueron por gusto
a sufrir daños y agravios.
Fue la fuerza del destino.
Lo que en principio parecía
el mayor de los desastres,
ver cómo la Patria
ante un enemigo
envalentonado sucumbía;
entre los agredidos,
el buen juicio y la certeza
de que lo imposible
en posible tornarse podía,
hacer palpitar a los corazones amigos
lograron.
Uniéndose al deseo
de ayudar al masacrado,
el de no permitir
otras nuevas invasiones del enemigo,
fue
un solo sentir calando.
Apoyo y ayuda
a quienes la contienda no buscaron.
El peligro
arde latente en cada esquina.
La persistencia,
el querer,
la fe,
arropan a la resistencia amiga.
No luchan
solo por su Patria,
luchan por tí,
por mí,
por vivir con dignidad
en libertad.
Dorita.
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