Cuando el calor arrecia,
la visión
de la ropa de abrigo
me molesta.
Miro con desdén
a los borreguitos
de antaño.
Diógenes;
hoy ,
el frío arrecia,
la nieve
nos sorprende con su presencia.
Agradezco a las merinas,
sacrificadas,
el abrazo de su piel
sobre la mía.
Dorita.
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