La Gran Belleza
sale a nuestro encuentro.
Solo
con poner un pie en la calle
hay que esforzarse
para no pisar
la margarita.
El gorrión,
perdiendo el miedo,
picotea un trozo de pan.
La Gran Belleza
insiste en ser contemplada.
Tú y yo erre que erre,
con los fuegos artificiales
baratos,
de feria,
de nuestra loca de la casa particular.
Dorita.
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