A su puerta llegó
un alguien
pidiendo
un trozo de pan,
para seguir su camino,
para su hambre saciar.
Su ropa
andrajosa,
su pelo
despeinado;
en sus ojos un brillo
extraño.
Tras el primer bocado
sonrisa angelical.
A quien abrió la puerta,
su corazón
comenzó a palpitar.
Dorita.
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