Te fuiste.
No sé a donde.
Dejaste entre nosotros:
el sabor de las cerezas,
el sacrificio obligado,
tu infancia nunca vivida,
el olor a jazmines y rosas
de nuestros hermanos perdidos.
Nos regalaste:
la devoción
por los robles,las encinas,los nogales.
El sabor a sopas de ajo
y el asado de conejo
con tomillo y con orégano.
El chocolate la mañana de Reyes
y las torrijas por Pascua.
Al irte,
la responsabilidad quedó
sobre mi piel de por vida.
El sabor de la familia,
la aceptación,
la admiración,
a los diferentes,
el mejor de los regalos.
Encontrando en todos ellos
el ecosistema más bello.
La veneración al anciano
y al menos capacitado
llegó
de la inmensa sabiduría
de tus palabras.
Dorita.
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