No sé
porqué me gusta tanto hablar.
Quien me comprende
no necesita
mis palabras.
Es más,
a veces solo me sirven
para confundir.
Con los que no me entiendo
todo
ya está perdido.
Solo se regodea en sacarlas punta.
Pues a pesar de todo
sigo hablando demasiado.
Dorita.
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