Ahora
no se estilan
esos enamoramientos
Becquerianos ,
en los que
el despechado galán
era capaz
de batirse en duelo
por una dama.
Ahora, más bien,
gustan de los intercambios
continuados
degustandose entre ellos
y saboreándolo todo.
Después,
como si tal cosa,
sin celos y sin rencor.
Dorita.
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