Aunque parezca mentira
lo que voy a relatar
es verdad.
He conocido personas
con auténtica vocación de mártires.
Al principio,
por considerarlas buenas y altruistas,
pensé
en lo injusta que era la gente
con ellas.
Pasado el tiempo
tuve que reconocer que de eso nada.
Hacían
todo lo que estaba en sus manos
para provocar situaciones absurdas
que lograban asombrar
a la mayoría y desquiciar al resto.
Como consecuencia de ello
comenzaban los rejonazos.
Lejos de analizar su forma de actuar
e intentar abandonar el propósito
de arreglar al mundo
y a sus vecinos,
nada de eso,
su vocación de desinteresados
salvadores se agudizaba
llegando
a situaciones aún,si cabe, más
rocambolescas.
Hasta finalizar en una nueva modalidad
de martirio ,
el estúpido martirio
del siglo veintiuno.
Dorita.
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