del género humano.
Muchos padres se afanan
en ir marcando
el sendero
que han de seguir sus hijos.
Trazan negocios,
les encarrilan en la dirección,
para ellos correcta,
que les permita alcanzar
sus sueños nunca realizados.
Al final,
mayuscula frustración.
¡Y menos mal que así es!.
No acaban algunos de entender
que la vida en sus hijos
marca su propio sendero.
Dorita.
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