Que inmensa sabiduría
corría por mis venas
cuando renuncié
a hablar.
Me duró poco.
Insistencia
de los acomplejados mayores,
que al no encontrar
razón fisiológica
acudieron a la tradición.
En procesión al río.
Trucha viva y a mí tierna boquita.
El susto de tales dimensiones
que hasta hoy
sin parar de hablar .
Verborrea no
pero poco le falta.
Dorita.
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