El río
baja cantando.
Las pozas,
donde brincan los zapateros,
en su lecho rojizo acogen
el agua bendita.
El cielo y las hojas, allí,
juegan al escondite
cuando el viento
lleno de autoridad
se lo permite.
El nuevo rosal trepador
contempla.
Sobrevivió
a un justiciero Sol
y por eso
aún no abandona sus hojas.
Seguro
de que un benigno otoño
siga regalando rosas.
Dorita.
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