Tuvo
el chaparrón a bien
comenzar
cuando mis pies atravesaban
el umbral
de la casa.
Desde allí,
con la puerta
de par en par abierta,
me quedé contemplando
como el repiqueteo
iba haciendo gorgoritos
y se alejaban
las lavanderas
a toda prisa
dando saltitos.
Dorita.
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