El verano pasado,
a sus noventa y seis años,
me mostró
su cara oculta.
Hubiera preferido
no conocerla.
Me ha tenido siempre deslumbrada
la otra.
¡Qué decepción!.
Se me cayó inesperadamente.
Como si la luna
se hubiera estrellado
a mis pies.
Dorita.
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