Cuantas veces el cansancio
tiene manifestaciones
raras.
Esa descontrolada risa,
que lejos de provenir
de la alegría,
brotando de no sé donde.
Escape de una válvula
necesaria
para no dar al traste
con todo lo bueno conseguido.
Otras veces desemboca
en una perturbadora tristeza
que si la dejas
cual fuego arrasador
te deja a cenizas trasformada.
Dorita.
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