¡Qué no la queremos!.
¡Qué ya tuvimos bastante!.
Solo pensar en ella,
vuelven esos lamentos
qué creyendo eran pasados
hacen que las nubes tiemblen
y llamen a la tormenta.
¡Qué no queremos
ninguna clase de guerra!.
Porque el día se hace noche
y la noche interminable.
¡Qué no queremos la guerra!.
Nuestros hijos
están muy bien
en sus casas.
Dorita.
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