que ayer
iba a descargar la tormenta.
No conocía muy bien
por donde llegaría.
Mi corazón inquieto.
Mi estómago encogido.
Un leve dolor de cabeza indefinido.
Sí...
descargó.
Al escuchar los improperios,
entendí claramente
que todo aquello partía
de una persona
insatisfecha con su vida
y que me había elegido
para el rejonazo
porque me creía débil.
Lo que ella no sospechaba
es que bajo una apariencia de fragilidad
suele haber
una gran fortaleza.
Se lo enseñará la vida.
Las letras...
se las mostré ayer.
Dorita.
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