Por ellas me deslizó.
Me saben a ciruelillas silvestres,
a azucenas,
a las lágrimas del viento,
a la ladera flotante
sobre un mar embravecido,
a la siesta de los pájaros,
a la manzana reineta de Rucandio,
al rizo del trigo
presto
a ser sacrificado
y para terminar...
me saben a tí.
Dorita.
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