No sé
sí este año ya andarán
por los campanarios
de las múltiples iglesias y monasterios
de Burgos.
Con tanto frío y llover,
también nevar,
no hemos sentido ese espontáneo arranque
que otros años
nos lanzaba a la carretera
y que hacía las delicias de nuestros
sentidos
y que coronaba con despreocupados
paseos por la Capital
contemplándolas.
Allí plantadas
formando parte de la cotidiana vida
de la ciudad.
Dorita.
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