Leyendo la narración del perro
de Chéjov
mi mente como un resorte
me ha puesto delante de mis narices,
a la altura de los ojos,
a Eusebio y sus gatos.
Siempre al lado del fuego,atizándolo,
en invierno y en verano.
En esta última estación
más de tarde en tarde
pero sin dejar que se apagase.
Raramente le vi en la calle.
Los trabajos los realizaba la Casilda.
Él mataba las horas jugando
con sus adiestrados gatos.
Jamás vi a lo largo de mi vida
a ninguno que hiciese más caso a su amo
y que fuera capaz de dominar
con extraordinaria perfección
el arte de las piruetas.
Dorita.
en
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