Trepan
los oscuros días
hacia no sé dónde.
No me interesa saberlo.
Solo sé
que el azul del cielo
hace estremecer mi sangre.
Los negros pensamientos,
tornándose en grises,
dan cabida a la posibilidad
del azul eterno.
Del infinito.
De la transcencia.
De la transfiguración.
Desterrando el negro,
me sumerjo
en la inmensidad
de formas y colores
que la adelantada primavera
va trayendo.
Ya mi mente
se opone a pensar
en las tragedias,
no porque no las haya,
no,
simplemente
por supervivencia.
Dorita.
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