Pasado el mediodía,
el Sol jugaba al escondite.
El cielo amenazaba tormenta.
El calor primaveral
no invitaba a cobijarse bajo techo.
Las gentes,
no hacían caso a las amenazas,
no sentían cerca la tormenta.
Las gentes
disfrutaban de la charla
entrando y saliendo
de bares y restaurantes .
Solo un grupo de adolescentes
avanzaban , comiendo golosinas,
junto a un altar improvisado
de flores de plástico.
Fuimos advertidos
de que no era el mejor lugar
para pasear.
Al final,
un arroz en "El muelle"logró
una excepcional comida
con nuestra familia burgalesa.
Dorita.
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