Yendo a pagar la poda,
de antemano sabía
que
ni los cerezos, ni los manzanos
en flor contemplaría;
decidí,
por reencontrarme
con el paisaje lunático
sembrado de encinares,
con esa tierra blanca
de pastel rosa desteñida,
los Rublacedos atravesar.
Cuál fue mi sorpresa
cuando a mí encuentro
floridos me acogieron
millares de almendros,
cuya existencia para mí
era desconocida.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario