Yo quiero
los versos que sacan
los corales de la mar,
invitándolos a ver
más allá del horizonte
donde todo es inmensidad.
Versos
que te dejan oler
los aromas del espliego,
de la salvia, del eneldo,
del laurel y la lavanda.
Que te hacen sentir,
en cualquier momento,
el fresco de las tardes de agosto,
en Burgos.
De la galerna
el peligro,
la angustia,
que agarran el corazón,
que te hacen temblar.
Electrizar con el rayo
de un mar enarbolado,
con olas embravecidas
mordiendo al acantilado.
Dorita.
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